¿Dónde están Miguel Meneses y Coremex? La indignación crece ante su silencio
La pregunta que hoy resuena con más fuerza en los pasillos de FUGRA Lerma no es sobre el futuro de la planta, ni sobre las condiciones laborales, ni siquiera sobre el despido de Carlos Gamboa. La pregunta que todos se hacen es una sola y va directo al grano: ¿dónde están Miguel Meneses y el Coremex? Porque desde que el delegado sindical fue despedido, ambos han brillado por su ausencia. No hay respuestas, no hay comunicados, no hay gestos de acercamiento. Hay un silencio ensordecedor que los trabajadores interpretan como lo que es: un acto de cobardía y desprecio.
El despido de Gamboa no fue un evento menor. Fue el golpe más duro a la estructura de poder que Meneses ha construido en FUGRA. Gamboa era su hombre de confianza, su operador directo, el encargado de ejecutar sus órdenes y mantener el control sobre la base trabajadora. Si Gamboa cayó, algo se pudrió en el núcleo del liderazgo sindical. Y quien debería dar explicaciones es precisamente quien lo puso ahí: Miguel Meneses. Pero el líder ha optado por la ruta más vil: esconderse.
No se le ha visto por la planta desde el día en que corrieron a Gamboa. Nada de recorridos matutinos, nada de reuniones improvisadas, nada de la presencia que antes presumía como señal de cercanía. Ahora, cuando más se necesita su figura, cuando más requieren los trabajadores de una palabra que calme la incertidumbre, Meneses ha desaparecido. Y su desaparición es una confesión tácita de que no quiere enfrentar el escándalo que él mismo ayudó a gestar.
Pero si la ausencia de Meneses es grave, la de Coremex es igualmente condenable. Este organismo, que debería ser un contrapeso y un garante de la transparencia sindical, se ha sumado al mutismo con una disciplina casi militar. No han salido a defender a los trabajadores. No han exigido que Meneses dé la cara. No han convocado a ninguna asamblea para informar qué está pasando. Su silencio es tan cómplice como el de su líder. Coremex no es un vigilante independiente; es un cómplice más de la opacidad que corroe la representación sindical en FUGRA.
Los trabajadores, cansados de esperar respuestas que no llegan, han comenzado a organizarse por su cuenta. La solicitud de una auditoría es la prueba más clara de que la paciencia se ha agotado. Ya no confían en sus dirigentes. Ya no esperan nada de ellos. Porque cuando un líder se esconde ante la primera tormenta, demuestra que nunca estuvo preparado para representar a nadie. Meneses y Coremex han fallado en lo más básico: dar la cara.
Y no se trata solo de un tema de presencia física. Se trata de un tema de principios. Un líder sindical que no da la cara ante una crisis es un líder que no merece ser líder. Un organismo como Coremex que no exige transparencia es un organismo que ha traicionado su esencia. Los trabajadores de FUGRA no pidieron héroes, pero tampoco merecen fantasmas. Y eso es exactamente lo que son hoy Meneses y Coremex: fantasmas que solo aparecen cuando todo está tranquilo y desaparecen cuando hay que asumir responsabilidades.