Mes tras mes los trabajadores aportan dinero mediante sus cuotas sindicales y, según cifras que circulan entre la base, COREMEX recaudaría alrededor de 700 mil pesos mensuales, una cantidad que supera los 8 millones de pesos al año. La cifra es suficientemente grande para plantear una pregunta que la dirigencia debería responder con números y documentos: ¿en qué se utiliza todo ese dinero?
Los trabajadores cumplen puntualmente con sus cuotas. El descuento llega y el dinero sale de su salario, pero cuando se trata de conocer qué ocurre después con esos recursos comienzan las dudas. Si COREMEX efectivamente recibe aproximadamente 700 mil pesos cada mes, estamos hablando de cerca de 8 millones y medio de pesos al año administrados por una organización que debería poder explicar con claridad cuánto ingresa, cuánto gasta y cuáles son los principales conceptos en los que utiliza el dinero aportado por su propia base.
La pregunta no es menor. ¿Cuánto de esos millones se utiliza realmente para beneficiar a los trabajadores? ¿Cuánto cuesta mantener la estructura de COREMEX? ¿Cuánto se destina a salarios, compensaciones, viáticos, comidas, traslados, asesorías o gastos de representación? ¿Quién autoriza esos pagos? ¿Existen personas vinculadas con la dirigencia que reciben recursos provenientes de las cuotas? Son cuestionamientos que no deberían resolverse con rumores ni con discursos, sino con información comprobable que cualquier trabajador pueda consultar.
Y precisamente cuando esa información no está suficientemente disponible aparece una sospecha mucho más incómoda: ¿parte de esos millones termina beneficiando directamente a quienes dirigen COREMEX? Plantearlo no significa afirmar que exista un desvío de recursos. Sin documentos que lo acrediten, hacerlo sería irresponsable. Pero también resulta razonable que quienes entregan una parte de su salario quieran saber exactamente quién recibe ese dinero y para qué.
Estamos hablando de aproximadamente 8.5 millones de pesos cada año. En dos años serían cerca de 17 millones y, si la recaudación permaneciera igual durante cinco años, superaríamos los 42 millones de pesos. Con cantidades de esa magnitud, la transparencia debería ser una obligación básica de cualquier organización que administra recursos aportados por trabajadores.
COREMEX tiene una manera sencilla de terminar con las especulaciones: abrir las cuentas. Informar cuánto recauda realmente, publicar un desglose de sus gastos, explicar quién autoriza cada partida relevante y demostrar cuánto de ese dinero se convierte en beneficios y representación para la base.
Porque las cuotas no pertenecen a quienes administran el sindicato. Provienen del salario de los trabajadores. Y quienes ponen el dinero tienen derecho a preguntar hasta obtener una respuesta clara:
700 mil pesos al mes, 8 millones y medio al año… ¿dónde está el dinero y en qué se está gastando?