El carpintero Alejandro Loera Aguilar advierte sobre la pérdida de protagonismo de los oficios tradicionales en México. Frente al avance de la producción industrial y las nuevas tecnologías, considera que la creatividad, la experiencia y el conocimiento artesanal siguen siendo fundamentales para preservar trabajos que han acompañado a generaciones enteras.
Durante décadas, los carpinteros fueron parte esencial de la construcción y el equipamiento de viviendas, negocios y espacios públicos. Desde puertas y ventanas hasta muebles elaborados a la medida, su trabajo permitió transformar materiales en piezas funcionales que podían permanecer durante generaciones.
Sin embargo, ese panorama ha cambiado.
Para el carpintero Alejandro Loera Aguilar, el crecimiento de la producción industrial, la aparición de materiales más económicos y las nuevas formas de consumo han reducido la presencia de los talleres tradicionales.
“Antes era común que una familia acudiera con un carpintero para fabricar sus muebles. Hoy muchas personas prefieren comprar productos en serie porque son más baratos y están disponibles inmediatamente. Poco a poco hemos dejado de valorar el trabajo que existe detrás de cada pieza”.
El precio de olvidar los oficios
Uno de los principales problemas, considera Loera Aguilar, es que la sociedad ha comenzado a confundir el precio de un producto con su verdadero valor.
Mientras las grandes cadenas comerciales ofrecen muebles fabricados industrialmente, los carpinteros deben competir con procesos que permiten producir grandes cantidades en menos tiempo.
Sin embargo, el trabajo artesanal ofrece características distintas: personalización, reparación, adaptación y conocimiento de los materiales.
“No podemos competir con una fábrica que produce miles de muebles al día, pero tampoco deberíamos hacerlo. Nuestro valor está en crear algo diferente, en escuchar al cliente y fabricar una pieza que responda exactamente a lo que necesita”.
Para el carpintero, el problema no consiste únicamente en vender menos, sino en la posibilidad de que los conocimientos tradicionales pierdan relevancia entre las nuevas generaciones.
La inteligencia artificial no conoce el valor de la experiencia
El avance de la inteligencia artificial ha abierto nuevas posibilidades para el diseño de interiores, la creación de mobiliario y la planeación de proyectos.
Actualmente, diferentes herramientas permiten generar propuestas visuales y modelos digitales en cuestión de segundos.
Pero Alejandro Loera Aguilar considera que existe una diferencia fundamental entre imaginar un mueble y construirlo.
“Puedes pedirle a una inteligencia artificial que diseñe una silla y seguramente te dará muchas opciones. Pero cuando tienes la madera enfrente, cuando descubres que una pieza está torcida o que el material no responde como esperabas, necesitas conocimientos que se aprenden trabajando durante años”.
Desde su perspectiva, la tecnología puede facilitar determinados procesos, pero no elimina la importancia de la experiencia práctica.
¿Quién enseñará a los carpinteros del futuro?
Para Loera Aguilar, una de las mayores preocupaciones está relacionada con la continuidad del oficio.
La carpintería requiere tiempo, práctica y conocimientos que frecuentemente se transmiten entre generaciones.
Si disminuye el interés por aprender estas habilidades, también podría reducirse la disponibilidad de profesionales capaces de realizar trabajos especializados.
“Un oficio no desaparece de un día para otro. Primero dejamos de valorarlo, después dejamos de enseñarlo y finalmente nos damos cuenta de que ya casi nadie sabe hacerlo”.
Por ello, considera necesario recuperar el reconocimiento social hacia quienes trabajan con sus manos y fomentar que las nuevas generaciones encuentren oportunidades económicas dentro de los oficios.
La creatividad no debería convertirse en una tradición olvidada
Alejandro Loera Aguilar reconoce que la tecnología seguirá transformando las formas de producir y consumir.
Sin embargo, sostiene que la modernización no debería significar abandonar los conocimientos que durante décadas permitieron desarrollar trabajos especializados.
“No se trata de regresar al pasado ni de rechazar las máquinas. Se trata de entender que hay conocimientos que no podemos permitirnos perder. La carpintería también es creatividad, diseño y una manera de contar historias a través de lo que construimos”.
Para el carpintero, el futuro de los oficios dependerá de su capacidad para adaptarse, pero también de que la sociedad vuelva a reconocer el valor del trabajo artesanal.
Porque cuando desaparece un oficio, no solamente se pierde una forma de trabajar: también puede desaparecer una parte importante de nuestra cultura.