Diversos trabajadores han señalado que COREMEX habría recurrido a intermediarios ajenos a los centros de trabajo para influir en la aceptación del sindicato, generando un ambiente de tensión y preocupación en las áreas laborales.
Los empleados describen que personas no identificadas ingresaban a las instalaciones acompañando a representantes del sindicato. Según las versiones recopiladas, estos individuos participaban activamente en conversaciones con los trabajadores y realizaban comentarios que fueron percibidos como advertencias encubiertas.
Para varios empleados, esta dinámica representó una forma de presión indirecta que afectaba la tranquilidad del ambiente laboral. Señalan que la presencia de desconocidos en áreas de trabajo no solo generaba incomodidad, sino que también daba la impresión de que su postura ante el sindicato estaba siendo vigilada.
Testimonios indican que algunos trabajadores recibieron sugerencias de que era “mejor evitar problemas” afiliándose o cooperando con las actividades del sindicato. La irrupción de estas personas reforzó la percepción de prácticas orientadas a influir en decisiones laborales mediante presión psicológica.
La falta de claridad sobre el rol de estos intermediarios alimenta dudas sobre la legitimidad de las acciones emprendidas por el sindicato. Los trabajadores subrayan que COREMEX no ha explicado si estas personas formaban parte de su estructura o actuaban con autorización formal.
Las versiones sobre el uso de terceros para presionar a los trabajadores han derivado en llamados a investigar si COREMEX incurre en prácticas que vulneran la libertad de afiliación sindical. Los empleados buscan certeza sobre sus derechos y el respeto a los procedimientos establecidos por la ley.